EL CIELO
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El culto Divino en el Cielo
221. El
culto Divino en el cielo no es desparecido del culto Divino en la tierra
en cuanto a lo exterior, pero difiere en cuanto a lo interior. Ellos
tienen igualmente doctrinas, tienen sermones y tienen templos. Las
doctrinas concuerdan en la esencia pero aquellas que hay en los cielos
superiores son de una sabiduría más íntima que las que hay en los cielos
inferiores. Los sermones son según las doctrinas: y así como tienen
casas y palacios (n. 183-190) así tienen también templos en los cuales
se verifican los sermones. La razón por la cual hay tales cosas también
en el cielo, es que los ángeles son continuamente perfeccionados en
sabiduría y amor, porque tienen como los hombres entendimiento y
voluntad, y el entendimiento es tal que puede continuamente
perfeccionarse; igualmente la voluntad; el entendimiento mediante
verdades que pertenecen a la inteligencia, y la voluntad por medio de
bienes que son del amor.
222.
Pero el culto Divino en el cielo en sí mismo no consiste en frecuentar
templos y escuchar predicaciones, sino en la vida del amor, de la
caridad y de la fe, según las doctrinas; las predicaciones en los
templos sirven tan solo como medios de ser instruidos en asuntos del
vivir. He hablado con los ángeles sobre este particular, y he dicho que
en el mundo se cree que el culto Divino consiste tan sólo en frecuentar
templos, escuchar predicaciones, participar de la Santa Cena tres o
cuatro veces al año, y demás detalles del culto según los estatutos de
la iglesia; asimismo dedicar tiempo a oraciones, y entonces observar
devoto comportamiento. Los ángeles dijeron que estas cosas son cosas
exteriores, que deben practicarse, pero que para nada sirven si no hay
un interior, del cual deben proceder, y que lo interior es vivir en
conformidad con los preceptos que enseña la doctrina.
223. Con
el fin de qué supiera como son sus reuniones en los templos, me ha sido
dado algunas veces entrar y escuchar las predicaciones. El predicador
está en el pulpito al oriente; delante de su rostro están sentados los
que se hallan en la luz de la sabiduría con preferencia a los demás; á
la derecha y a la izquierda de estos están los que se hallan en menos.
Se colocan en forma de semicírculo de manera a hallarse todos a la vista
del predicador; en los puntos extremos de ambos lados, donde su vista no
alcanza, no hay nadie. Cerca de la puerta que está al lado oriental del
templo, a la izquierda del pulpito, están los que han de ser iniciados;
no es permitido a nadie estar detrás del pulpito; si alguien hay allí,
el predicador se confunde, lo mismo acontece si alguno en la reunión es
de diferente opinión, teniendo por esto que desviar su rostro. Las
reuniones se hacen con tanta sabiduría que no puede igualarlas ninguna
de las que se hacen en el mundo; porque en los cielos están en una luz
interior. En el reino espiritual los templos parecen ser de piedra, y en
el reino celestial de madera, por la causa de que piedra corresponde a
la verdad, en la cual se hallan los que están en el reino espiritual, y
madera corresponde al bien en el cual están los que se hallan en el
reino celestial. Las iglesias (Aedes) en este último reino no se llaman
templos, sino casas de Dios. En el reino celestial hay iglesias sin
magnificencia; en el reino espiritual, por otra parte, (las hay) con más
y menos magnificencia.
224. He
hablado también con cierto predicador acerca de .lo santo en lo cual se
hallan los que escuchan las predicaciones en los templos; y dijo que la
piedad, la devoción y la santidad de cada uno son según sus cosas
interiores, que son del amor y de la fe; puesto que en estos está lo
santo mismo, viendo que en ellos está lo Divino del Señor; y que no
sabía lo que era una santidad exterior sin ellos; pensando en una
santidad exterior sin ellos, dijo que acaso sería algo que
mentirosamente presenta santidad en forma exterior, bien adquirida con
arte, bien hipócrita; y que algún fuego impuro del amor a sí mismo y al
mundo suscita y presenta tal cosa.
225.
Todos los predicadores son del reino espiritual del Señor, y ninguno del
reino celeste; la razón por la cual son del reino espiritual es porque
allí están en verdades por el bien, y por verdades se verifica toda
predicación; que ninguno es del reino celestial es porque allí están en
el bien del amor, y por este ven y perciben las verdades, pero no hablan
de ellas. Aunque los ángeles que están en el reino celestial perciben y
ven las verdades, se verifican allí, sin embargo, predicaciones, siendo
así que mediante ellas son ilustrados en las verdades que han conocido;
y perfeccionados mediante otras verdades que no habían conocido antes;
tan pronto las oyen las reconocen y de esta manera las perciben; las
verdades que perciben, aman también, y por vivir conforme ellas hacen de
ellas su vida. Dicen que vivir según las verdades es amar al Señor.
226.
Todos los predicadores son ordenados por el Señor y de ahí poseen el don
de saber predicar. No es permitido a nadie más que a ellos enseñar en
los templos." Son llamados predicadores pero no sacerdotes. La causa de
que no se llaman sacerdotes, es que el sacerdocio del cielo es el reino
celestial, porque sacerdocio significa el bien del amor al Señor, en el
cual están los que se hallan en ese reino; la realeza del cielo por otra
parte es el reino espiritual; porque realeza significa verdad por el
bien, en la cual están los que habitan ese reino (véase arriba, n. 24).
227. Las
doctrinas con arreglo a las cuales las predicaciones se hacen miran
todas a la vida como fin, y ninguna a la fe sin la vida. La doctrina del
íntimo cielo es más llena de sabiduría que la doctrina del cielo
intermedio, y está más llena de inteligencia que la doctrina del último
cielo, porque las doctrinas son acomodadas a la percepción de los
ángeles en cada cielo. Lo esencial de todas las doctrinas es reconocer
la Divina Humanidad del Señor.
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